Bajo el cielo

Comprendí que no es justo esperar a alguien que no sabe lo que quiere, y agoté mis lágrimas y también mi paciencia para esperar por ti, se me ha agotado la angustia, pero han quedado unas inmensas ganas de volver a sonreír.

Aún no comprendo  cuales fueron sus razones para marcharse, ni las causas de su desvanecido amor al dejarme, pues lo único que hice fue intentar darle lo mejor.

Sé muy bien que debería odiarle, pero es tanto el amor que no puedo desearle ningún mal, sin embargo es injusto que me haya pagado tan mal, nada le costaba hablar claro, decir la verdad, si no podía quererme, que ganaba con aparentar, hubiera sido mejor ser honesto y admitir que no me podía amar; y sin embargo, prefirió actuar con premeditación, guardar silencio y romperme el corazón.

Es duro aceptar que de su parte todo fue una actuación, las palabras, los besos, los sueños en común, me duele aceptar que solo fui su pasatiempo, su diversión, me duele formar parte de su cruel colección. Y sé que no se acaba el mundo, ni mucho menos la ilusión, sé que aún me faltan muchos momentos por vivir, mucho amor por sentir, tantas cosas por hacer, y tengo todo para ser feliz.

Sé que debo ser fuerte, que esta es una de tantas caídas de las que me tendré que levantar, no tengo duda que esta fue una lección más para fortalecer mi carácter, para no volver a confundir al verdadero amor de mi vida. Y he decidido no guardar rencores, seguir de frente y perdonar los dolores,  juro que a pesar de todo, no le guardo rencor y le deseo que le vaya bien, de todo corazón  le deseo lo mejor.

“Plus ma que propre vie” – Te deseo una linda vida Ratatouille, que la felicidad no es algo que solo se busca sino que se crea.

Autora: Señorita Libélula.  A través de: Ser Mejor Reestructurado por: SuMirada7

La primavera también puede ser fría

Por fin había finalizado el largo invierno dando paso a la hermosa primavera. Los deslumbrantes rayos de sol calentaban nuestra piel. Los campos estaban ya cargados de flores y los narcisos amarillos eran los favoritos de la abuela, rodeaban el gran sauce ubicado frente a la casa, los pequeños mamíferos comenzaron a salir de todas sus madrigueras y los insectos ya comenzaban a ser una gran molestia.

De pronto me levanté rápidamente de la fresca hierba y fue entonces cuando le grité, – “ ¡detente, no te vayas!, o ¿acaso no me estás escuchando?”. Él se detuvo por unos segundos al escuchar mis gritos, parecía que quisiese decir algo, pero simplemente el viento acarició nuestros rostros y quizás se llevó consigo sus palabras. El silencio fue lo único que quedó en medio de nosotros, y después de unos pocos segundos sin ni siquiera mirar hacia atrás continuó su camino.

El prado verde que se abría paso a través de sus huellas estaba bañado por los rayos de sol de aquella tarde, el aire tenía un olor característico a la cabaña de la abuela, aquella cabaña donde habíamos pasado el último verano. Era demasiado acogedora, con una vista capaz de hacerte sentir el dueño del mundo, su aroma a madera fresca y pino volvía loco a Ethan. Por mi parte simplemente era una cabaña más, para él, era un lugar inigualable.

Sin poder emitir ruido alguno vi su figura como se iba desvaneciendo a lo lejos del bosque, y cuando ya no logré distinguirla caí arrodillada en la hierba. El shock de aquella despedida me había dejado sin habla, sin llanto, sin nada. Después de unos minutos recobre el sentido, fue ahí donde mis lágrimas no lograron contenerse, lloré desconsoladamente mirando el horizonte hasta que cayó la noche.

La abuela preocupada por no ver mi regreso tuvo que pedirle ayuda a Gabriel el leñador del pueblo para que fuera a buscarme. Gabriel era apuesto, recuerdo que antes iba a verlo trabajar, observaba cada parte de su cuerpo mientras cortaba los troncos en dos para venderlos al mejor postor, sus brazos de grandes músculos tomaban el hacha con tanta facilidad, y su espalda descubierta al quitarse la camisa hacia que Rosita mi mejor amiga enloqueciera. Sus ojos grandes y sus largas pestañas hacían juego con su barba y cabello rojizo y su mirada podía hacer sonrojar a cualquiera. Si tan solo Rosita no se hubiera enamorado de él, quizás yo no estaría aquí sufriendo por Ethan.

Comenzaron a oírse aullidos cuando Gabriel me encontró tirada en la hierba, agobiada, asustada, y mirando al cielo, repitiendo una y otra vez – “Ethan, Ethan Ethan…” para ser verdad me tendí a morir, Gabriel sólo pensó que había enloquecido.

Diana Orejuela V.

Ven, Mañana será un nuevo día

Era de madrugada, Desperté entre sus brazos con la sensación de sentirme tan amada, lo mire dormir por un rato y finalmente le di un beso en su mejilla. Estire mi mano hacia el bolso aun tirado en la alfombra de la habitación y tome un cigarrillo. me levanté y caminé lentamente hacia la ventana, evitando despertarle de sus dulces sueños.

Aún tenía puesto esa lencería que tanto le encanta, mi cabello largo caía sobre mis senos, dejando entre vista las sexys curvas que se hacían en ellos. Las gotas de lluvia se deslizaban por el vidrio de la ventana, podía ver mi boca reflejada, aún con el pintalabios rojo que había usado esa noche. Encendí el cigarrillo y observé las luces de la lejana ciudad. ¿Cómo podía sentirme tan incompleta aún? El humo del cigarrillo comenzaba a dispersarse por la habitación. Dirigí mi mirada hacia la cama y aún estabas ahí profundamente dormido, levanté la vista mientras trataba de recordar en qué momento había dejado atrás su alucinación, cerré los ojos y en eso escuche su voz, – ¿ hoy tampoco puedes dormir?, has estado muy callada. Abrí mis ojos y encontré su mirada, sus ojos grandes de color café, fijamente mirándome con ese deseo y ternura, sus pestañas largas y sus cejas ligeramente arregladas. Lo miré y le sonreí – no quería despertarte, no he podido conciliar el sueño nuevamente. El me devolvió una sonrisa y estiró su brazo mientras me decía – vuelve a la cama hermosa. ¿Cómo podría resistirme a esa sonrisa que me enloqueció una noche y me atrajo a sus hermosos ojos?, y esos labios que me sacian la sed y me calman el alma. Apague el medio cigarrillo que aún tenía en mi mano y caminé en dirección a sus brazos, me tomo en ellos y me abrazo tan fuerte como si quisiera juntar cada pieza rota dentro de mi. Acaricie sus brazos mientras él me besaba tiernamente mi cuello y olía mi cabello, entonces comente:

– “los sueños desaparecieron y él desapareció junto con ellos”

– él: “ ¿y no era eso acaso lo querías?  

– ” sí, pero aún siento su fragancia, su respiración, su leve presencia ” .

Baje la mirada y las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, él tomó mi rostro y limpió cada una de ellas y dijo. –  “ no te avergüences de ellas, fueron ellas las que te hacen hoy lo hermosa y valiente que eres” lo mire confusa y simplemente me beso y finalizo diciendo.

– ven, mañana será un nuevo día.

 

Diana  Orejuela V.

Hablemos Claro

¡Oye ven!, hablemos claro!

Arráncame la piel y lee centímetro a centímetro de ella.

Hablemos de una mirada sincera sin haberse dado, o de un dibujo que cobra vida.

¡Ven, escuchame! ¡Ven, que ya mi voz no puede estar más alto! Escucha mis silencios, ven y hablemos claro.

Y es que no podríamos ser mas claros, no tengo otra manera para ser mas sincera que desnudando el alma por medio de palabras. En ocasiones divagando entre pensamientos podría encontrarte, siempre ahí, constante, firme, tan lleno de un amor a punto de explotar que da miedo pero que genera una curiosidad de niños, intrigante y divertida. Quisiera poder decir que sucederá mañana, pero ahí está la chispa de la vida, vivir un presente sin saber que habrá en el mañana. Soy aquella que marca el antes y el después en tu vida, aquella chica del vestido sexy y labios rojos que sonrío tiernamente y que lograste ver a través de la ventana de un salón de clases. 

¡Ven, hablemos claro!

Que la locura de esta vida no debe ser vivida sola, que las heridas del corazón no se cierran con hilos, ni silicona, que el tiempo es sabiduría, y que Dios nos pone en el camino del otro con un objetivo y aunque en su momento no se tenga el conocimiento del porque, quizás algún día lo averigüemos.

Así que gracias, por recordarme que aunque las estrellas mueren, siguen brillando eternidades como si estuvieran más vivas que nunca.

¡Oye ven y hablemos claro!

Escucha el eterno silencio y la algarabía que genera el mañana, quizás despertemos, quizás sigamos soñando….

 

Diana Orejuela V.

Estrellas Tatuadas

Desde pequeña aprendí que la vida es una “acción” y “reacción”. Que todo lo que siembres en el ahora lo cosecharas mañana, es por ello que siempre trata de que tus acciones sean transparentes y sin lastimar a todo aquel que te rodea. Aquella noche en esa terraza, bajo el manto de la luna llena y el cielo despejado, me sentí tan perdida; desorientada, y comprendí que hay momentos en la vida en que no sabemos que camino tomar, no sabemos que hacer con nosotros mismos, y tenemos que hacer un alto en el camino para pensar detenidamente que nos está pasando, analizar nuestro andar y cómo hemos llegado hasta ese punto.

A veces nos encontramos con momentos sorprendentes, otras veces simplemente se quiere gritar de dolor y permanecer inmóvil llorando. En algunas ocasiones bendecimos el estar en ese “ahora” y luego renegamos de ello. Y es entonces donde nos encontramos envueltos en esa inconformidad, esa que nos da fuerzas y al tiempo nos tiende de vuelta a la cama.

“Y puedo asegurar que hay ciertas cosas que jamás podrás dejar, como el amor por el gym y la vida fitness o simplemente la pasión que le agregas al cocinar un plato y deleitarte con sushi. El disfrute que te genera un buen libro y el placer de dormir en las piernas de alguien mientras te rascan la espalda. Puedo asegurar que seguirás muriendo por un toyota corolla, por una buena película de acción con palomitas, un rico masaje y una noche para hacer el amor y no sólo tener sexo. Que disfrutas un viaje en bicicleta y un partido de rugby más que una noche de baile y que extrañas tanto el calor y amor de una gran familia como las veces que miras y observas las estrellas.  Podría decir que desde el primer momento te arrepentiste, y que aún tiemblas por regresar, pero fue tan grande el hoyo que no te atreviste a saltar de nuevo, vives amarrado a alguien por comodidad y por miedo al no tener un apoyo, entras en pánico al saber y mencionar tu soledad…..  “

No podría decir algo más, hay momentos en la vida en que nos detenemos a pensar que nos está pasando…Momentos en que la vida simplemente pasa y nosotros con ella, sin dejar nada, sin dejar ni siquiera una huella.

Diana Orejuela V.

 

Si pudiera

 

“Si pudiera darle vueltas a la tierra una y otra vez, buscaría de alguien con tu mismos ojos, con tu mismos labios, con tu misma boca y con tu misma piel. Si pudiera darle al tiempo otro poco de tiempo para comprender. Y se que la distancia me hizo Ciego en todos los momentos en los que tenía que verte aquí.” – Manuel Medrano

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