Confieso

Permanecí inmóvil en la oscuridad pensando en cómo remediar lo que había roto, y me di tantos golpes en el pecho secándome las lágrimas por comportarme como menos quería y por haber hecho lo que odiaría que me hicieran. Luego lo vi y sentí como me desgarraba un pedazo de mi alma, su mirada perdida evitando la mía y su cierta indiferencia que era como un dedo que penetraba más a la llaga de la herida.

– “Lo lamento”, no supe qué más podía decirle… lo repetí una vez y otra vez como si eso fuera a resolver el problema. Respire profundamente tratando de controlar cada rincón de mi desorientado ser. Cerré mis ojos y cuando los abrí simplemente quise lanzarme en sus brazos y darle un beso enorme en el que sintiera vibrar cada célula de mi cuerpo, el cuál el roce de sus labios con los míos erizara su piel y con el cual sintiera que soy completamente suya.

y fue entonces que lo confesé entre mis almohadas, quizás me he enamorado aunque no quiera aceptarlo, aunque tenga miedo que lo descubra y lo digo ahora antes que sea demasiado tarde, aunque solo escuche mis palabras retumbar en mi habitación.

Diana Orejuela V.

Noviembre. ya no es un mes, eres tú.

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Se hacía tarde, su mirada aun estaba clavada, observando perdidamente las gotas de lluvia que había dejado la tormenta de aquel medio día, aquella tormenta que les había dejado un sabor amargo después de haber hecho el amor una y otra vez con tanto cariño y desenfreno. Era viernes y Lean solo trabajaba media jornada, eso complicó las cosas para Susan que debió llegar mucho más temprano a casa para preparar el almuerzo sorpresa que hace tantos días venía organizando. Tenía todo planeado, desde la decoración de la mesa hasta lo que serviría de postre y por supuesto su hermoso atuendo que había comprado la quincena pasada. Ese vestido azul que arqueaba su figura, de lindo escote que dejaba a la vista el inicio de su redondo pecho y gran parte de su espalda y que por supuesto tenía la plena seguridad que le encantaría a Lean. Susan tenía cabello largo con pequeñas iluminaciones que parecían rayos de sol en medio del ocaso,  tenía los ojos cafés y largas pestañas y su boca de delineado perfecto y labial siempre rojo provocaba la sed de los hombres y solo Lean disfrutaba al quitárselo. Ella tenía una ternura y amor desbordante que envolvía a Lean en nuevos sentimientos, y lo sacaban de las sobras y frialdad en el que había vivido por largo tiempo.

Lean en cambio era un joven sencillo, de cabello corto y color negro, delgado y de fuertes brazos, con una sonrisa coqueta que Susan adoraba y una habilidad inigualable de tener las palabras adecuadas en cualquier momento, podía pasar horas contando historia tras historia y ella permanecía atenta. Tenía esos lentes de toque intelectual y sus ojos marrón le causaban tanta curiosidad a Susan por no lograr descifrar su mirada y que de alguna manera la hacían sentir tan impotente por no lograr entenderlo.

Lean era demasiado realista, era por eso que Susan lograba poner su mundo de cabezas con sus ocurrencias infantiles y fantasiosas. Estaban como diseñados para complementarse, y tenían una atracción locamente el uno por el otro. Ella tenía el poder de seducirlo y sacar su lado tierno, mientras que el tenía el poder de tranquilizar sus pataletas y hacerla sonreír por cualquier tontería.

Pero no siempre estaban de acuerdo, y eso era lo que lo hacía más divertido. De cierta manera Susan podía odiarlo, lo odiaba cada vez que la dejaba hablando sola, simplemente porque se entretenía en cualquier otra cosa o cómo podía ser tan fresco en cada situación mientras ella se partía la cabeza pensando en mil cosas, él odiaba cuando ella le repetía un millón de veces lo mismo y ella detestaba su sonrisa cuando le dice que pelea sola y la forma como la mira entretenido por su ira.

“Mirame Susan, necesito que me mires” dijo Lean después de ver su mirada perdida entre la lluvia y sentirla tan lejana, Susan lo miró detenidamente a los ojos y le sonrío diciendo “Había olvidado cuánto valía la pena abrir el corazón y compartirlo con alguien, ¿No se que quieras que te diga? te quiero. y desgraciadamente, toda mi fortaleza de “no enamorarse” la derrumbas en un santiamén, pero aún estoy en eso, estamos en eso ¿no?.” Lean simplemente sonrío y la tomó entre sus brazos; besó su frente tiernamente y dijo “en eso estamos, en eso estamos” y luego permanecieron en silencio.

Creo que si existe un amor que merezca todo el respeto y admiración, Quizás es aquel que llega después de otro gran amor. Ese que llega después de una gran decepción y nos hace creer que no todo es tan malo, que nos puede enseñar cosas de nosotros mismos y sobre una relación que no sabíamos con la otra persona, que nos puede hacer sonreír de nuevo, ese que nos ayuda a sentirnos completamente bien otra vez, ese que nos enseña a amar de verdad, que nos puede hacer vivir el amor de una forma única.

Por eso pido que no olvides darme un beso de buenas noches, llenar mi espalda de ellos y luego hacerme el amor apasionadamente, que no quites las llaves de la moto por si quiero escapar, pero contigo. Poder raptarte y enseñarte el plural de la primera persona, pero conmigo…. acariciarte como hace siglos sueño, te pido que me mires a los ojos como nunca lo has hecho con nadie y que me entiendas. Que sepas descifrar todo lo que grito por dentro: escúchame, léeme, QUIÉREME.

Te pido como deseo, mi eterna estrella fugaz, que te quedes, para un rato llamado siempre, que me cuides aunque te grite un dé-ja-me.

Fue entonces cuando se miraron tan profundamente y se perdieron entre besos y suspiros. “Dios, Susan” dijo Lean suspirando, mientras ella no paraba de besarlo y mencionaba su nombre  tiernamente “Lean” .

Diana  Orejuela V.

Hay besos que curan, caricias que marcan.

Básicamente me quedé observándote, analizando cada una de las palabras que salían de tu boca, y pensando como siempre me han encantado escuchar ese tipo de cosas; aunque una gran parte de mi ahora se siga negando a creerlo. Entonces trate de almacenar en mis recuerdos cada uno de esos momentos, en donde me decías que era una grandiosa mujer, y quise detener el tiempo en aquel instante en que mi yo interior saltaba de felicidad por creerte. Pero al mismo tiempo odie la lucha que se comenzó a generar en mí, “el deseo incontrolable de creer y el deseo profundo de protegerme”. Pero puedo decir que me sonroje cada vez que dijiste que “te estaba enloqueciendo” y cada vez que me mirabas profundamente sonriendo como si trataras de leerme el alma.

No podría negar que me encanta como tus dedos acarician mi rostro y como tus manos recorren cada centímetro de mi piel, como lentamente te acercas y me besas ansioso de saciarte de mi, mientras vamos respirando el mismo aire cuando tus labios están con los míos. Adoro enredarme entre tus brazos y poder encontrar nuevamente la paz, podría quedarme acurrucada en ellos toda una noche mientras acaricias mi cabello y me besas la frente, en ellos me siento como una niña protegida y querida.

¿Y quien iba a pensar que podría derretir tu frío mundo y pintarlo de colores o hacer que cada sonrisa en tu día a día tuviera de verdad un significado?. Me encanta llenar tus locas historias con mis infantiles ocurrencias, mientras me tomas de la mano y percibes el perfume de mi cabello.

Es divertido vivir cada locura juntos, me agrada cada una de las actividades de nuestra pequeña lista, porque son una bonita experiencia para compartir contigo, de esa manera conozco más de ti, y tu conoces mas de mi, así conocemos uno del otro, nos sentimos vivos al resto del mundo. y te confieso que me hace bien escuchar tu voz y me gusta la tranquilidad que me brindan tus palabras, tus caricias normalizan mi ser cuando estoy a punto de explotar, tu paz me llena al punto de retomar nuevamente mis sueños cada noche, tus miradas profundas son capaz de  acelerar mi necio y terco corazón hasta el punto de ruborizar mi piel.

Entonces te vuelvo a observar y pienso que quizás por fin te haya encontrado después de tanto tiempo, entre tantos escombros, pero justamente ahora, ya no lo creo y simplemente quiero salir corriendo de miedo. Correr mientras en el camino pienso que tal vez pueda perderme de una maravillosa historia, correr y morir de miedo en no poder desatarme, correr mirándote siempre, porque una gran parte de mi desea quedarse. Todo mi yo interior anhela permanecer justo aquí, contigo, conocer todo de ti, y dejar tu piel marcada de mi.

  • “ Dame la oportunidad de conocerte y que me conozcas “- Sus palabras retumbaron en mi cabeza una y otra vez hasta ir poco a poco desvaneciendo el miedo que nos perseguía.

y pensar que todo inició con un simple deseo en una fría noche de lluvia de estrellas fugaces…

Diana Orejuela V.

 

Perdona si te llamo amor

“El amor más hermoso es un cálculo equivocado, un salto al vacío sin red, aquello para lo que jamás utilizarías la palabra “nunca”. Cuando te has rendido a la monotonía, necesitas a una persona que te recuerde que el amor es dejarse llevar, ser libre, tener la valentía de seguir sus pasos con los ojos cerrados, sin miedo a lo que pueda pasar. Y entonces descubres que el amor verdadero es una variable enloquecida de la vida, una variable que va fabricando recuerdos que quedarán guardados para siempre en tu memoria”. – Perdona si te llamo amor.

Entre dos mundos

“Es una locura”, grite. mi deseo insaciable de tocar tus labios y robarte un beso, dejar al desnudo cada pensamiento que atraviesa mi mente al verte, o simplemente al escucharte. “¿cómo logras erizarme tanto la piel?” el me miró fijamente con sus ojos llenos de brillo acarició mi rostro y me sonrió. – ”es una gran desventaja” comenté.

Fue un encuentro inesperado, jamás pensamos que nos conectaríamos tanto, pertenecíamos a mundos diferentes, pero aún así yo no podía dejar de observarlo y él no paraba de sonreírme con esa peculiaridad que tenía en coquetearme y con esa mirada que me estaba enloqueciendo. Su dentadura era blanca y perfecta y su sonrisa simplemente me desarmaba. Era capaz de acelerar mi necio corazón; que se rehúsa a aceptar este ilógico sentimiento que surgía entre tantos escombros. Me perdía en su mirada, en sus ojos marrones que me siguen tímidamente, hasta hacer temblar mi cuerpo. ¿cómo lograba cautivarme tanto sin esforzarse? Podría pasarme el día entero observando su fotografía y recordar su tierna sonrisa cuando me miro en nuestro pequeño encuentro. ¿pero quién diablos se cree que es? ¿de dónde había salido? ¿cómo podía poner mi mundo de cabezas tan fácilmente? su fina barba que deja una leve sombra en su rostro me envolvía en su juego seductor hasta sonrojarme y al final de cuentas, me encantaba!.

Su cuerpo era perfecto, capaz de deleitar cada centímetro de mi piel con sus caricias, podía envolverme en sus brazos, y acurrucarme en el calor de sus abrazos que lograban extasiarme. Era esa sensación de no querer soltarlo nunca. – “¿Que desea a cambio de mostrarme una manera de defenderme a sus encantos?” le dije, él sonrió nuevamente cautivo por mi respuesta. Era él, aquel que con su mirada logra intimidarme y desorientar cada molécula en mi cuerpo. Simplemente eso.

Y nos pasamos noches enteras riéndonos como bobos de cualquier tontería, hablando horas y horas. Adoro su voz, como me entretiene cada una de sus palabras, como me hechizan sus gestos, como me coquetea entre sus versos. Así que dime, – ¿cómo no podría enloquecer con eso? no pertenecía a mi mundo, o simplemente yo me equivoqué de época, lo anhelaba pero al mismo tiempo le huía. Y le pregunte: – ¿Dónde has estado todo este tiempo? Me miró y con su sonrisa coqueta me susurro al oído – “buscándote”.

Diana Orejuela

Qué ironía

Sé muy bien que ella se siente vencedora cuando camina de tu mano, sé muy bien que piensa que me ha ganado; sin embargo ella no imagina que todos nuestros recuerdos se han quedado grabados, en ti, y que a pesar de sus intentos, será imposible borrarlos. Ella no se ha cansado de presumir que estas con ella, que la quieres, que la preferiste antes que a mí, ella que presume que te dio mil cosas que yo no te di; y sin embargo, no se ha puesto a pensar, que me salvo de un amor que miente sin pensar, de un hombre que no actúa con honestidad, un hombre que en realidad  no sabe cómo amar.

A ella que le ha faltado madurez, que quiso pisotear a los demás por el capricho de tenerte a su lado, a ella que le ha faltado dignidad al actuar, por supuesto no la culpo, pues a final de cuentas fuiste tú el que decidió fallar, el que rompió con nuestros sueños, el que destruyo nuestra felicidad.

Ella no ha caído en la cuenta de que justo como me engañaste a mí, puedes engañarla a ella, pues no cabe duda, de que un hombre como tú, no es de fiar, a ti, que te importo engañar, ni fallar a las promesas que nos dimos hace un tiempo atrás. Si, ella no se ha cansado de burlarse de mí, sin importarle todo lo que me hicieron sufrir, sin entender que soy tan fuerte, que aunque me costó un poco de tiempo, pude salir adelante.

Puedo presumir que me sobra dignidad, por eso, he preferido guardar silencio y dejar que el tiempo actúe como tenga que actuar. He decidido dejar que ella siga creyendo que es todo suyo, tu traicionero corazón, he preferido ocultar que tantas veces has intentado regresar, pues a pesar de tu insistencia, tú en mi mundo,  ya no tienes lugar.

“Qué ironía que aunque duermas con ella, sueñas conmigo.”

Autora: Señorita Libélula.  A través de: Ser Mejor Reestructurado por: SuMirada7

Me enamore de una puta

Ya era tarde, las luces fluorescentes del burdel me hacían girar más la cabeza que esos 12 whisky a la roca que me había tomado, no podía creer que aún tocarán esa canción que me recordaba toda su insaciable figura, – suspiré.

Aquella noche de diciembre caminé sin rumbo, las luces tenues de las velas encendidas a la virgen ya se iban esfumando y se mezclaban con la melodía de una hermosa canción proveniente de la casa blanca del fondo del callejón. Era grande y tenia esas melancólicas ventanas marrones, su amplio antejardín albergaba las risas de innumerables jóvenes, parecía que todos se divertían, se escuchaban conversaciones, habían abrazos efímeros y besos fugaces. Fue entonces cuando la vi. Jamás podría explicar lo que recorrió mi cuerpo en ese momento, la gravedad no me sostenía, simplemente me perdí en sus ojos. Sus hermosos y grandes ojos con largas pestañas de color marrón chocolate lograron desnudar mi alma en segundos, y sus mejillas sonrojadas con sus delgadas cejas tenían una gran armonía con su fino rostro y su nariz respingada tan adorable me creaba unas ganas inmensas de querer protegerla. Y sus labios rojos, me repetí, sus labios rojos y gruesos finamente delineados hacían desearle más que cualquier cosa.

Podría haberme quedado toda una vida observando su belleza, pero fue entonces cuando me sostuvo la mirada. Quizás noto mis nervios y me hice el tonto desviando la mía, tratando de ocultar lo ya evidente, “la locura que ella me despertaba”. Unos segundos después la mire nuevamente y ella me miró también, podría asegurar que el mismísimo universo se hizo pequeño ante lo que esa hermosa mujer hizo latir en mi corazón esa noche. Entonces, me sonrió. Y su sonrisa, Dios mío, la misma tranquilidad y magia que genera observar las nubes del infinito cielo acostado en la fresca hierba, pero en su boca. ¿Quien no podría enloquecer por ella?. Su figura delgada y sus anchas caderas generaban esas curvas que te llevaban al cielo y al infierno. Tomé aire y la valentía suficiente para hablarle pero cuando volvió a mirarme solo pude sonreírle. Fui un cobarde, – suspiré.

Fue entonces dónde comenzó esta historia, esa chispa y esa magia que estalló esa noche bajo todo un centenar de estrellas entre su mirada y la mía. Desde ese entonces no logré conciliar el sueño, recordaba cada segundo de esa noche, y sentí la necesidad de buscarla, no importaba el tiempo, pero luchar contra lo que me hacía sentir sería en vano y no quería hacerlo. Me pasee de un lado a otro pensando en las palabras adecuadas para cuando la tuviese en frente. Analizando cada una de sus posibles reacciones y hasta actúe para aprenderme un monólogo irrepetible, -¡¡ Esa mujer me había enloquecido !!

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