Entre dos mundos

“Es una locura”, grite. mi deseo insaciable de tocar tus labios y robarte un beso, dejar al desnudo cada pensamiento que atraviesa mi mente al verte, o simplemente al escucharte. “¿cómo logras erizarme tanto la piel?” el me miró fijamente con sus ojos llenos de brillo acarició mi rostro y me sonrió. – ”es una gran desventaja” comenté.

Fue un encuentro inesperado, jamás pensamos que nos conectaríamos tanto, pertenecíamos a mundos diferentes, pero aún así yo no podía dejar de observarlo y él no paraba de sonreírme con esa peculiaridad que tenía en coquetearme y con esa mirada que me estaba enloqueciendo. Su dentadura era blanca y perfecta y su sonrisa simplemente me desarmaba. Era capaz de acelerar mi necio corazón; que se rehúsa a aceptar este ilógico sentimiento que surgía entre tantos escombros. Me perdía en su mirada, en sus ojos marrones que me siguen tímidamente, hasta hacer temblar mi cuerpo. ¿cómo lograba cautivarme tanto sin esforzarse? Podría pasarme el día entero observando su fotografía y recordar su tierna sonrisa cuando me miro en nuestro pequeño encuentro. ¿pero quién diablos se cree que es? ¿de dónde había salido? ¿cómo podía poner mi mundo de cabezas tan fácilmente? su fina barba que deja una leve sombra en su rostro me envolvía en su juego seductor hasta sonrojarme y al final de cuentas, me encantaba!.

Su cuerpo era perfecto, capaz de deleitar cada centímetro de mi piel con sus caricias, podía envolverme en sus brazos, y acurrucarme en el calor de sus abrazos que lograban extasiarme. Era esa sensación de no querer soltarlo nunca. – “¿Que desea a cambio de mostrarme una manera de defenderme a sus encantos?” le dije, él sonrió nuevamente cautivo por mi respuesta. Era él, aquel que con su mirada logra intimidarme y desorientar cada molécula en mi cuerpo. Simplemente eso.

Y nos pasamos noches enteras riéndonos como bobos de cualquier tontería, hablando horas y horas. Adoro su voz, como me entretiene cada una de sus palabras, como me hechizan sus gestos, como me coquetea entre sus versos. Así que dime, – ¿cómo no podría enloquecer con eso? no pertenecía a mi mundo, o simplemente yo me equivoqué de época, lo anhelaba pero al mismo tiempo le huía. Y le pregunte: – ¿Dónde has estado todo este tiempo? Me miró y con su sonrisa coqueta me susurro al oído – “buscándote”.

Diana Orejuela

Qué ironía

Sé muy bien que ella se siente vencedora cuando camina de tu mano, sé muy bien que piensa que me ha ganado; sin embargo ella no imagina que todos nuestros recuerdos se han quedado grabados, en ti, y que a pesar de sus intentos, será imposible borrarlos. Ella no se ha cansado de presumir que estas con ella, que la quieres, que la preferiste antes que a mí, ella que presume que te dio mil cosas que yo no te di; y sin embargo, no se ha puesto a pensar, que me salvo de un amor que miente sin pensar, de un hombre que no actúa con honestidad, un hombre que en realidad  no sabe cómo amar.

A ella que le ha faltado madurez, que quiso pisotear a los demás por el capricho de tenerte a su lado, a ella que le ha faltado dignidad al actuar, por supuesto no la culpo, pues a final de cuentas fuiste tú el que decidió fallar, el que rompió con nuestros sueños, el que destruyo nuestra felicidad.

Ella no ha caído en la cuenta de que justo como me engañaste a mí, puedes engañarla a ella, pues no cabe duda, de que un hombre como tú, no es de fiar, a ti, que te importo engañar, ni fallar a las promesas que nos dimos hace un tiempo atrás. Si, ella no se ha cansado de burlarse de mí, sin importarle todo lo que me hicieron sufrir, sin entender que soy tan fuerte, que aunque me costó un poco de tiempo, pude salir adelante.

Puedo presumir que me sobra dignidad, por eso, he preferido guardar silencio y dejar que el tiempo actúe como tenga que actuar. He decidido dejar que ella siga creyendo que es todo suyo, tu traicionero corazón, he preferido ocultar que tantas veces has intentado regresar, pues a pesar de tu insistencia, tú en mi mundo,  ya no tienes lugar.

“Qué ironía que aunque duermas con ella, sueñas conmigo.”

Autora: Señorita Libélula.  A través de: Ser Mejor Reestructurado por: SuMirada7

Me enamore de una puta

Ya era tarde, las luces fluorescentes del burdel me hacían girar más la cabeza que esos 12 whisky a la roca que me había tomado, no podía creer que aún tocarán esa canción que me recordaba toda su insaciable figura, – suspiré.

Aquella noche de diciembre caminé sin rumbo, las luces tenues de las velas encendidas a la virgen ya se iban esfumando y se mezclaban con la melodía de una hermosa canción proveniente de la casa blanca del fondo del callejón. Era grande y tenia esas melancólicas ventanas marrones, su amplio antejardín albergaba las risas de innumerables jóvenes, parecía que todos se divertían, se escuchaban conversaciones, habían abrazos efímeros y besos fugaces. Fue entonces cuando la vi. Jamás podría explicar lo que recorrió mi cuerpo en ese momento, la gravedad no me sostenía, simplemente me perdí en sus ojos. Sus hermosos y grandes ojos con largas pestañas de color marrón chocolate lograron desnudar mi alma en segundos, y sus mejillas sonrojadas con sus delgadas cejas tenían una gran armonía con su fino rostro y su nariz respingada tan adorable me creaba unas ganas inmensas de querer protegerla. Y sus labios rojos, me repetí, sus labios rojos y gruesos finamente delineados hacían desearle más que cualquier cosa.

Podría haberme quedado toda una vida observando su belleza, pero fue entonces cuando me sostuvo la mirada. Quizás noto mis nervios y me hice el tonto desviando la mía, tratando de ocultar lo ya evidente, “la locura que ella me despertaba”. Unos segundos después la mire nuevamente y ella me miró también, podría asegurar que el mismísimo universo se hizo pequeño ante lo que esa hermosa mujer hizo latir en mi corazón esa noche. Entonces, me sonrió. Y su sonrisa, Dios mío, la misma tranquilidad y magia que genera observar las nubes del infinito cielo acostado en la fresca hierba, pero en su boca. ¿Quien no podría enloquecer por ella?. Su figura delgada y sus anchas caderas generaban esas curvas que te llevaban al cielo y al infierno. Tomé aire y la valentía suficiente para hablarle pero cuando volvió a mirarme solo pude sonreírle. Fui un cobarde, – suspiré.

Fue entonces dónde comenzó esta historia, esa chispa y esa magia que estalló esa noche bajo todo un centenar de estrellas entre su mirada y la mía. Desde ese entonces no logré conciliar el sueño, recordaba cada segundo de esa noche, y sentí la necesidad de buscarla, no importaba el tiempo, pero luchar contra lo que me hacía sentir sería en vano y no quería hacerlo. Me pasee de un lado a otro pensando en las palabras adecuadas para cuando la tuviese en frente. Analizando cada una de sus posibles reacciones y hasta actúe para aprenderme un monólogo irrepetible, -¡¡ Esa mujer me había enloquecido !!

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Bajo el cielo

Comprendí que no es justo esperar a alguien que no sabe lo que quiere, y agoté mis lágrimas y también mi paciencia para esperar por ti, se me ha agotado la angustia, pero han quedado unas inmensas ganas de volver a sonreír.

Aún no comprendo  cuales fueron sus razones para marcharse, ni las causas de su desvanecido amor al dejarme, pues lo único que hice fue intentar darle lo mejor.

Sé muy bien que debería odiarle, pero es tanto el amor que no puedo desearle ningún mal, sin embargo es injusto que me haya pagado tan mal, nada le costaba hablar claro, decir la verdad, si no podía quererme, que ganaba con aparentar, hubiera sido mejor ser honesto y admitir que no me podía amar; y sin embargo, prefirió actuar con premeditación, guardar silencio y romperme el corazón.

Es duro aceptar que de su parte todo fue una actuación, las palabras, los besos, los sueños en común, me duele aceptar que solo fui su pasatiempo, su diversión, me duele formar parte de su cruel colección. Y sé que no se acaba el mundo, ni mucho menos la ilusión, sé que aún me faltan muchos momentos por vivir, mucho amor por sentir, tantas cosas por hacer, y tengo todo para ser feliz.

Sé que debo ser fuerte, que esta es una de tantas caídas de las que me tendré que levantar, no tengo duda que esta fue una lección más para fortalecer mi carácter, para no volver a confundir al verdadero amor de mi vida. Y he decidido no guardar rencores, seguir de frente y perdonar los dolores,  juro que a pesar de todo, no le guardo rencor y le deseo que le vaya bien, de todo corazón  le deseo lo mejor.

“Plus ma que propre vie” – Te deseo una linda vida Ratatouille, que la felicidad no es algo que solo se busca sino que se crea.

Autora: Señorita Libélula.  A través de: Ser Mejor Reestructurado por: SuMirada7

La primavera también puede ser fría

Por fin había finalizado el largo invierno dando paso a la hermosa primavera. Los deslumbrantes rayos de sol calentaban nuestra piel. Los campos estaban ya cargados de flores y los narcisos amarillos eran los favoritos de la abuela, rodeaban el gran sauce ubicado frente a la casa, los pequeños mamíferos comenzaron a salir de todas sus madrigueras y los insectos ya comenzaban a ser una gran molestia.

De pronto me levanté rápidamente de la fresca hierba y fue entonces cuando le grité, – “ ¡detente, no te vayas!, o ¿acaso no me estás escuchando?”. Él se detuvo por unos segundos al escuchar mis gritos, parecía que quisiese decir algo, pero simplemente el viento acarició nuestros rostros y quizás se llevó consigo sus palabras. El silencio fue lo único que quedó en medio de nosotros, y después de unos pocos segundos sin ni siquiera mirar hacia atrás continuó su camino.

El prado verde que se abría paso a través de sus huellas estaba bañado por los rayos de sol de aquella tarde, el aire tenía un olor característico a la cabaña de la abuela, aquella cabaña donde habíamos pasado el último verano. Era demasiado acogedora, con una vista capaz de hacerte sentir el dueño del mundo, su aroma a madera fresca y pino volvía loco a Ethan. Por mi parte simplemente era una cabaña más, para él, era un lugar inigualable.

Sin poder emitir ruido alguno vi su figura como se iba desvaneciendo a lo lejos del bosque, y cuando ya no logré distinguirla caí arrodillada en la hierba. El shock de aquella despedida me había dejado sin habla, sin llanto, sin nada. Después de unos minutos recobre el sentido, fue ahí donde mis lágrimas no lograron contenerse, lloré desconsoladamente mirando el horizonte hasta que cayó la noche.

La abuela preocupada por no ver mi regreso tuvo que pedirle ayuda a Gabriel el leñador del pueblo para que fuera a buscarme. Gabriel era apuesto, recuerdo que antes iba a verlo trabajar, observaba cada parte de su cuerpo mientras cortaba los troncos en dos para venderlos al mejor postor, sus brazos de grandes músculos tomaban el hacha con tanta facilidad, y su espalda descubierta al quitarse la camisa hacia que Rosita mi mejor amiga enloqueciera. Sus ojos grandes y sus largas pestañas hacían juego con su barba y cabello rojizo y su mirada podía hacer sonrojar a cualquiera. Si tan solo Rosita no se hubiera enamorado de él, quizás yo no estaría aquí sufriendo por Ethan.

Comenzaron a oírse aullidos cuando Gabriel me encontró tirada en la hierba, agobiada, asustada, y mirando al cielo, repitiendo una y otra vez – “Ethan, Ethan Ethan…” para ser verdad me tendí a morir, Gabriel sólo pensó que había enloquecido.

Diana Orejuela V.

Ven, Mañana será un nuevo día

Era de madrugada, Desperté entre sus brazos con la sensación de sentirme tan amada, lo mire dormir por un rato y finalmente le di un beso en su mejilla. Estire mi mano hacia el bolso aun tirado en la alfombra de la habitación y tome un cigarrillo. me levanté y caminé lentamente hacia la ventana, evitando despertarle de sus dulces sueños.

Aún tenía puesto esa lencería que tanto le encanta, mi cabello largo caía sobre mis senos, dejando entre vista las sexys curvas que se hacían en ellos. Las gotas de lluvia se deslizaban por el vidrio de la ventana, podía ver mi boca reflejada, aún con el pintalabios rojo que había usado esa noche. Encendí el cigarrillo y observé las luces de la lejana ciudad. ¿Cómo podía sentirme tan incompleta aún? El humo del cigarrillo comenzaba a dispersarse por la habitación. Dirigí mi mirada hacia la cama y aún estabas ahí profundamente dormido, levanté la vista mientras trataba de recordar en qué momento había dejado atrás su alucinación, cerré los ojos y en eso escuche su voz, – ¿ hoy tampoco puedes dormir?, has estado muy callada. Abrí mis ojos y encontré su mirada, sus ojos grandes de color café, fijamente mirándome con ese deseo y ternura, sus pestañas largas y sus cejas ligeramente arregladas. Lo miré y le sonreí – no quería despertarte, no he podido conciliar el sueño nuevamente. El me devolvió una sonrisa y estiró su brazo mientras me decía – vuelve a la cama hermosa. ¿Cómo podría resistirme a esa sonrisa que me enloqueció una noche y me atrajo a sus hermosos ojos?, y esos labios que me sacian la sed y me calman el alma. Apague el medio cigarrillo que aún tenía en mi mano y caminé en dirección a sus brazos, me tomo en ellos y me abrazo tan fuerte como si quisiera juntar cada pieza rota dentro de mi. Acaricie sus brazos mientras él me besaba tiernamente mi cuello y olía mi cabello, entonces comente:

– “los sueños desaparecieron y él desapareció junto con ellos”

– él: “ ¿y no era eso acaso lo querías?  

– ” sí, pero aún siento su fragancia, su respiración, su leve presencia ” .

Baje la mirada y las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, él tomó mi rostro y limpió cada una de ellas y dijo. –  “ no te avergüences de ellas, fueron ellas las que te hacen hoy lo hermosa y valiente que eres” lo mire confusa y simplemente me beso y finalizo diciendo.

– ven, mañana será un nuevo día.

 

Diana  Orejuela V.