El precio del silencio

El agradable silencio de mi habitación se interrumpió por el ring ring del timbre del teléfono, sonó una vez, otra vez y otra vez. Al contestar no murmuraron ni una sola palabra, solo se escucho una respiración desde el otro lado del teléfono. El silencio permaneció por unos segundos hasta que alguien sollozo y colgó.

Me gustaría pensar que fue un número equivocado pero sabemos que no es así. Después de tanto tiempo aún te duelo, aún te sientes afligido, cargas una maleta de culpas y arrepentimientos a pesar de que continuas con lo que dices llamar “vida”. Quiero que sepas que te perdono por el daño que me causaste, que te libero de toda culpa y que la vida te llene de las bendiciones que mereces, eso si, no te equivoques, ten claro que debes continuar, porque jamás hubo camino de regreso.

Quien diga que los desastres no son bonitos miente, aprendí realmente lo que no quiero en alguien contigo, me ayudaste a reencontrarme y sobre todo a descubrir el valor y el poder que tenía. Gracias

Diana Orejuela V.

 

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