Esa que llamamos nuestra princesa interior. 

Somos polvo, somos aire. Somos efímeros, somos fugaces.

Amar es un arte, el problema es que no hemos aprendido esto. Es dar y no apegarse. Es ser especial, cuidar, estudiar y amar, amar bastante para rellenar el corazón hasta desbordarnos. No se pueden olvidar que los pequeños detalles y las sinceras palabras llenan el alma.

El amor es de acciones y no de promesas en el aire. Y la entrega incondicional de ese amor no puede verse unida por una simple frase o juramentos que en gran parte no son respetados y que terminan en largas y dolorosas separaciones.

Yo quiero ser acción y no una promesa, quiero ser un beso apasionado, un cálido abrazo, una aventura para cada viaje, una carcajada o una sincera mirada, una palabra de aliento o una mano a la cual aferrarse, un hogar construido con respecto, y un te amo tatuado en tu cuerpo. Quiero un anillo en mi mano que haría brincar a mi pequeña princesa interior en una sola pata y que no cambiaría por nada. Quizás no podrán entenderlo pero así soy yo, desde el inicio de mi historia, una chiquita enamorada de grandes ilusiones, porque yo quiero un fantástico cuento de hadas, de esos en los que viene incluido un príncipe que me ama, un mágico lugar para gritar al viento el cariño que le tengo y sobre todo quiero un corazón gigante que ame mucho, más de lo que alguna vez haya imaginado el mundo.

Diana Orejuela V.

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