Noviembre. ya no es un mes, eres tú.

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Se hacía tarde, su mirada aun estaba clavada, observando perdidamente las gotas de lluvia que había dejado la tormenta de aquel medio día, aquella tormenta que les había dejado un sabor amargo después de haber hecho el amor una y otra vez con tanto cariño y desenfreno. Era viernes y Lean solo trabajaba media jornada, eso complicó las cosas para Susan que debió llegar mucho más temprano a casa para preparar el almuerzo sorpresa que hace tantos días venía organizando. Tenía todo planeado, desde la decoración de la mesa hasta lo que serviría de postre y por supuesto su hermoso atuendo que había comprado la quincena pasada. Ese vestido azul que arqueaba su figura, de lindo escote que dejaba a la vista el inicio de su redondo pecho y gran parte de su espalda y que por supuesto tenía la plena seguridad que le encantaría a Lean. Susan tenía cabello largo con pequeñas iluminaciones que parecían rayos de sol en medio del ocaso,  tenía los ojos cafés y largas pestañas y su boca de delineado perfecto y labial siempre rojo provocaba la sed de los hombres y solo Lean disfrutaba al quitárselo. Ella tenía una ternura y amor desbordante que envolvía a Lean en nuevos sentimientos, y lo sacaban de las sobras y frialdad en el que había vivido por largo tiempo.

Lean en cambio era un joven sencillo, de cabello corto y color negro, delgado y de fuertes brazos, con una sonrisa coqueta que Susan adoraba y una habilidad inigualable de tener las palabras adecuadas en cualquier momento, podía pasar horas contando historia tras historia y ella permanecía atenta. Tenía esos lentes de toque intelectual y sus ojos marrón le causaban tanta curiosidad a Susan por no lograr descifrar su mirada y que de alguna manera la hacían sentir tan impotente por no lograr entenderlo.

Lean era demasiado realista, era por eso que Susan lograba poner su mundo de cabezas con sus ocurrencias infantiles y fantasiosas. Estaban como diseñados para complementarse, y tenían una atracción locamente el uno por el otro. Ella tenía el poder de seducirlo y sacar su lado tierno, mientras que el tenía el poder de tranquilizar sus pataletas y hacerla sonreír por cualquier tontería.

Pero no siempre estaban de acuerdo, y eso era lo que lo hacía más divertido. De cierta manera Susan podía odiarlo, lo odiaba cada vez que la dejaba hablando sola, simplemente porque se entretenía en cualquier otra cosa o cómo podía ser tan fresco en cada situación mientras ella se partía la cabeza pensando en mil cosas, él odiaba cuando ella le repetía un millón de veces lo mismo y ella detestaba su sonrisa cuando le dice que pelea sola y la forma como la mira entretenido por su ira.

“Mirame Susan, necesito que me mires” dijo Lean después de ver su mirada perdida entre la lluvia y sentirla tan lejana, Susan lo miró detenidamente a los ojos y le sonrío diciendo “Había olvidado cuánto valía la pena abrir el corazón y compartirlo con alguien, ¿No se que quieras que te diga? te quiero. y desgraciadamente, toda mi fortaleza de “no enamorarse” la derrumbas en un santiamén, pero aún estoy en eso, estamos en eso ¿no?.” Lean simplemente sonrío y la tomó entre sus brazos; besó su frente tiernamente y dijo “en eso estamos, en eso estamos” y luego permanecieron en silencio.

Creo que si existe un amor que merezca todo el respeto y admiración, Quizás es aquel que llega después de otro gran amor. Ese que llega después de una gran decepción y nos hace creer que no todo es tan malo, que nos puede enseñar cosas de nosotros mismos y sobre una relación que no sabíamos con la otra persona, que nos puede hacer sonreír de nuevo, ese que nos ayuda a sentirnos completamente bien otra vez, ese que nos enseña a amar de verdad, que nos puede hacer vivir el amor de una forma única.

Por eso pido que no olvides darme un beso de buenas noches, llenar mi espalda de ellos y luego hacerme el amor apasionadamente, que no quites las llaves de la moto por si quiero escapar, pero contigo. Poder raptarte y enseñarte el plural de la primera persona, pero conmigo…. acariciarte como hace siglos sueño, te pido que me mires a los ojos como nunca lo has hecho con nadie y que me entiendas. Que sepas descifrar todo lo que grito por dentro: escúchame, léeme, QUIÉREME.

Te pido como deseo, mi eterna estrella fugaz, que te quedes, para un rato llamado siempre, que me cuides aunque te grite un dé-ja-me.

Fue entonces cuando se miraron tan profundamente y se perdieron entre besos y suspiros. “Dios, Susan” dijo Lean suspirando, mientras ella no paraba de besarlo y mencionaba su nombre  tiernamente “Lean” .

Diana  Orejuela V.

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